balance


Siete. Número mágico de tantos cuentos. Único dato del que partir y regresar al cero y contar de uno en uno hasta llegar a ti, al tamaño de tu vida en las antípodas, a pocos meses de concretarte.

 Regreso a lo primario. Un lugar donde habitar en paz a costa de mil guerras. El frío, el sol, la tierra, los libros, el mar donde ha estado siempre, la voz sin sordina, las cartas, los balances… tanto tiempo sin hacer balance. El carro cargado con la historia de una pereza ajena. Obstinación. Otra vida tiene que ser posible, tiene que ser, tiene que ser. Reconstruir un amor hecho trizas y el mar al fondo de todos los deseos. El cielo y los matices, clic, pasear, clic, robar a las nubes su transitoriedad, clic, fijar, fijar la atención, los sentidos, la vida que recupera la mirada y entreabre los ojos por si acaso no ha muerto en el intento, en todos los intentos por seguir hasta el último intento de parar.

 Desahucio. La cabeza desplomada sobre las palmas de las manos. Las manos sin saber adónde ir. Inventar. De vuelta a la ciudad. Escaleras hacia atrás y hacia adelante. Las mudanzas dejando notar el peso de todos sus cansancios. Inventar. Fingidas ilusiones. Tiene que ser, tiene que ser… tiene que ser con la boca menguante. Miércoles de todas las semanas, cuentos, cine, viento ante el micrófono, varillas de incienso mezclando oscuridad y fuegos perfumados. Escritores muertos en el calor de julio, el frigorífico roto, un ratón instalado en la lavadora…desahucio. Algún día en el mar llorándole a las olas. Cayendo muerta en el sofá noche tras noche, pidiéndole a las calles una extensión desorbitada que cansara esos pasos, el insomnio, la música incrustada en los oídos. Tiene que ser, tiene que ser… tiene que ser con la boca creciente de los límites. Entre tanto el viento saltando las lágrimas. Dale gas. No pares. La voz sin sordina, los libros, las cartas, los balances, los calendarios sin finales de mes. Escribir. Resumen de noticias. Más querer creer en el amor, más querer sin más. Atisbos de otra vida posible. El mismo silencio de todos los desastres. Propuestas de cambio de escenario cada día. Marchar. Seguir lo dejado. Imposible. Las cuerdas, las manos, el carro, la pereza y la historia aflojando. Mentir si se piensa en una tregua. Tanto peso se estanca si reduce el empeño de la velocidad. Estancar es morirse lentamente. Crueldad. Amigos. Simulacros. Decepciones. Esperar sin esperanza. Detenerlo todo. 

Amnistía internacional. La historia está cambiando en un correo y nadie lo sospecha… lo demás está aquí, en esta otra vida tan posible, tan cierta. Manos grandes separando el borde de unos ojos rasgados. Tan fácil como ver, como dejar de ver el peso de ese carro incrustado en el cuerpo. Toneladas de paja. Cuarenta y dos kilos de cuerpo. Ese es el grano, no hay más. Una cabeza al mismo nivel del juego más jodido. Interesante. Admitiendo una sorpresa que sorprende. Al mínimo intento de herir el grano inmoviliza con la rapidez de una serpiente. Nada de amor. Deseo solamente. Tu casa o la mía. Eso no es cierto hasta después. Aquí hay trampa. Despertar sin saber dónde, sabiendo que ese dónde es el sitio ideal. Encontrar en un libro una definición de felicidad. No querer estar en otra parte. No querer estar en nadie más. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Seis. Siete.





lola lópez-cózar


Comentarios

  1. tu zorro3.11.08

    ¡que doloros son algunos procesos!
    ¡que de gente gerundeando por ahí!

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