los últimos


Una mañana de viento tú juegas a volar. Me pides que dispare a la velocidad de tu luz, me miras y sabes si hemos conseguido detenerte en el aire. Yo te digo lo que persigo ese día. Hoy no quiero palabras. Me sigue extrañando que no te extrañe nada. Sea lo que sea lo que quiero, tú buscas y señalas, vas aprendiendo en los descartes.
Empecé a escribirte este diario seis horas después de abrazarte. Ese cuaderno negro me dejas que lo guarde bajo llave. Sospechas que no querrás leerlo hasta mayor.
Frente a la cristalera de este restaurante repetido me piden otro hijo y me atraganto. Tú pones las antenas y dices que no quieres. Nadie nos quiso nunca, nadie quiso que llegásemos los últimos aunque luego aprendieran a querernos.
“Bueno, vale, yo soy bueno”. Tú sí, pero yo no podría pasar de viejo por la misma historia. Un día te contaré que no fuiste el primero sino el último, lo mismo que yo, que cuando nos dicen que somos iguales en memoria, en imaginación, en ironía, en esta maldita timidez de cosas usuales que a nadie le inquietan lo más mínimo o en esta osadía que pocos esperan de nosotros o tal vez si la esperan y somos tú y yo los sorprendidos… cuando nos dicen eso están hablando en clave para ti, hay cosas que un diario no puede soportar aunque tenga las tapas duras como diamantes y arrojemos la llave al fondo de este mar.
Y a pesar de todo hay tantos ojos clavados en mis ojos con tantos nombres colgados de mis labios que no encuentro ese último que me lleve a un final.




lola lópez-cózar


Comentarios

  1. Tu zorro30.4.09

    Los penúltimos, siempre los penúltimos, como las copas.
    ¿qué final?, si sólo hay uno... Sí que nos vemos poco.

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