sujeto y predicado


Quieres hablar conmigo para escuchar tu voz. Me quedo en tu ciudad. Cuestiones de trabajo. Se termina la tarde sin que nadie me espere. Tengo la noche entera por delante. Una cerveza a solas, un boli y este frío atascando la sangre de mi tinta que fluye sólo a ratos con desgana.

No quiero escucharte. No quiero escucharte para que tú te escuches. Conozco cada oración. Sujeto y predicado, y atajo concluyendo tus palabras. Sentencio y me despido sin nadie que me espere.
No quiero que me escuches para escucharme yo. Asumo los errores sin hacer de la equivocación un ser maligno que adrede me persigue. No me gusta que nadie me hable de valientes. En mi cuerpo una glándula, un nervio, una palanca extraña que se acciona automáticamente, me impide desde siempre actuar de otro modo.
Huyo de los espejos que comparan mi vida con el resto. Tengo la incertidumbre atada a mi zapato y el miedo es tan constante que apenas si lo noto.
Sé que la tierra se puede partir bajo tus pies y sé que eres consciente de tu propia inconsciencia.
Atravesar las aguas habría sido fácil, un poco de confianza y se abren los mares para ti.
Se acaba la cerveza, me llaman por teléfono, la tinta se coagula en la desgana. Sabes que voy a estar cuando cambie el discurso, tendría que bastarte igual que a mí.


lola lópez-cózar

Comentarios

  1. tu zorro11.12.09

    ¡Qué buena foto para este texto!

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  2. en este caso fue primero la foto y a partir de ella surgió el texto, no sé si aquí el orden cambia algo...

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