siempre hay un mañana que me marcho


Hace tantos meses que no hemos podido venir a esta casa que la encontramos vestida de verano.Me gusta ver que para ti es una fiesta viajar conmigo, levantarte de noche, mirar por la ventanilla y ya aquí, reconociendo de lejos las montañas, comprobar este frío familiar.Dices que han cambiado las calles, yo no lo creo, será que has vuelto a crecer por encima de tus ojos.Entras en tu cuarto, abres los cajones, iluminas tu globo terráqueo, pones en marcha el sistema solar que cuelga de tu techo. Coges tu pelota, el coche rojo, el silbato que lleva tu nombre y te van faltando manos para acariciar los cuentos, los sillones.Quieres quedarte aquí, ofreces caramelos a tu primo encontrados en la incesante búsqueda de tu vida y él, que va siendo mayor, piensa en la caducidad del tiempo que ha pasado.Quieres quedarte aquí y compartir tu cama congelada. Desvío tus deseos y aprovecho que vienen los abuelos a mirar que no tenemos nada en el frigorífico. Meto tu pijama en la mochila, te mando con ellos y yo me niego a ir. Tengo que poner edredones, bajarme las estufas… Ellos insisten poco, saben que el no es lo único mayúsculo que hay en mí.Aquí empieza otra historia.Cómo explicar esto sin herir a nadie.A veces comienzan relaciones que no tienen nombre. Al principio te vas por una noche, luego ocupas los fines de semana. Más tarde el miércoles se impone. Al cabo de unos meses te queda sólo el jueves para ti. Luego tienes un hijo que llena la semana. Y mi casa, la casa que ahora es nuestra, queda como quien ha escapado con una maleta de cabina.Ahora que estoy sola soy yo quien acaricia los libros, las cajitas de música, la mesa, la lata del café. Reviso los cd’s. Sobresale una nota amarilla en le petit prince. Había olvidado este musical y regreso a París, con la extrema delgadez de aquel tiempo, mirando la forma de una letra que desapareció con el correo electrónico.Cómo explicar esto sin herir a nadie.Este tiempo es tan mío que no me encuentro ningún amor pasado en las paredes. Nada que echar de menos y es tan nada lo que tanto fue que creo que no soy yo quien vivió aquello. Aquello viene en sueños solamente y los sueños de aquí, el lugar de los hechos, tienen otro nombre y otro cuerpo.Esta ansiedad de mis manos por rozar los cojines, las fotografías, las cortinas que en casa no tenemos, ocurre porque saben que mañana me marcho.Siempre hay un mañana que me marcho.Si no existiera soñaría con la otra casa que hemos creado, ni un hueco inhabitable. Añoraría el color de las paredes, el tacto del cristal, el azul de mi mesa y de mi suelo. Me faltaría mi pie sobre el pie de tapies encima de la cama y luego el pie de mi hijo sobre mi pie encima de la cama, y el baño turco y el violín de ingres, y todas las plantas que van cubriendo la terraza.Es cierto que cuando no me encuentro quiero venirme aquí, cuando quiero estar sola, cuando imploro silencio pienso en este lugar y me relajo. Tú dices que ya no puedo huir, pero sí puedo. Huir es pensar que tengo adonde ir aunque nunca me vaya. El silencio que pido es sólo a mi cabeza. Es sólo mi cabeza la que ha de saber que existe otro lugar donde poder marcharse, donde ser sólo un cuerpo y un silencio, sin vida que contar, sin una palabra para explicar las lágrimas que se deslizan sin venir a cuento. Sin cuento que contar, sin nada que pedir, un cuerpo y un silencio.


lola lópez-cózar

Comentarios

  1. ...fantástico.
    un beso.

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  2. ...tu poema caló muy hondo en mis sentimientos, Lola...
    gracias...

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  3. Anónimo26.1.10

    te leo en verde sobre negro...y me quedo sin respiración

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  4. Es conmovedora cada línea. Creo en tus líneas. Y el diálogo con las imágenes es de una intensidad al borde de la cornisa. Me estremece cómo saltás sin red e, invariablemente, hacés el doble o el triple mortal y caés de pie.

    Un abrazo fuerte.

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  5. Anónimo27.1.10

    "Nada que echar de menos y es tan nada lo que tanto fue que creo que no soy yo quien vivió aquello". De ésto, venía yo hablando hace solo 3 o 4 días, con una amiga a la vuelta del desayuno. Es un misterio.

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  6. tu zorro27.1.10

    Ahora que preparo mi huída con un poco de azul, algo de calma y mucho verde ... tú ya te has convertido en Houdini. No estaría mal una vista alhambrera esta tarde, ¿a que sí?

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  7. Creo existir a veces en ese espacio, y tampoco quiero herir a nadie. Me encanta saber que ya nadie se hiere cuando tengo la cabeza o la razón o el sueño en otro lugar, en otra tierra, y sin embargo no me he movido.

    un abrazo

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  8. beppo27.1.10

    envidio tu silencio, ¿como se hace algo tan redondo?. El mio hiere, el fruto que consigue cuando lo siembro es convertirme en el diccionario andante de los adjetivos y un buen puñado de sustantivos recibidos. La real academia me aplasta, siempre tan ajena y ensimismada. ¡Que genta somos! ¡Es embriagador y aturde! Bienvenida a casa y adios. Adoro tu silencio tanto como tu.

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  9. a mí me apasionan los diccionarios tanto como inventarme palabras. para saltarse las reglas, nada mejor que conocerlas.

    beppo, usa mi correo electrónico (islasila@telefonica.net), a mí el tuyo se me perdió en uno de los cientos de formateos que necesita mi disco duro cada poco.

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  10. Anónimo1.2.10

    Antes de dar un paso tengo que huir y darle un silencio a mi cabeza, y luego está todo a mi alrededor y puedo con todo o eso me creo. y si el lugar ameno lo echas de menos existe, si lo tienes te pierdes y cada vez necesitas darle más silencios a tu cabeza, cualquier plan es bueno para aprovechar la vida y una vista alhambrera no se rechaza jamás. no crees??

    byq

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  11. recharzarse nunca, querida, tal vez se sustituya por otra vista más compatible con el día de lluvia, el niño que sale del colegio y la cita con el dentista... se intentan malabares, pero jamás se rechaza.

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