no te toca



Me alegra haber vivido este trozo de historia mano a mano contigo. Los pedazos fáciles tienen palabras limpias, un hilo argumental, máxima coherencia. Ingredientes de primera calidad para formar buenas historias. En cambio los difíciles se enredan en tantos condimentos, tantas partes de un todo, que cuesta distinguirlos, aislarlos, explicar uno a uno en tiempo lineal.
En un segundo está el miedo extraído mitad de incertidumbre, mitad de certidumbre, intenso por igual. El olor de lo que no se sabe, se comprende a empujones, se asimila con aditivos, se digiere con tiempo y una caña, mejor un güisqui doble.
Llegamos vomitando pedazos inconexos de una historia. Nos negamos a ir al médico porque no somos capaces de explicar el combinado tóxico que nos sube la fiebre hasta el delirio. Entonces nos callamos, cerramos bien la boca, maquillamos el verde podrido de la piel.
Te tapo si tiritas. Si tiritas aún más cojo el jarro de hielo. Haces sudar mis ojos que pesan como el plomo. Me agarras cuando duermo para ser cuatro brazos contra una pesadilla. Me levanto contigo a esperar que amanezca. Compartimos la ducha para empezar el día y el día lo llevamos a pulso compartido.
Tú explicas a mis amigos por qué estoy más extraña, por qué no quiero estar como antes estaba. Yo le digo a los tuyos que decir es una forma de no querer hablar, y todos nos van dando el margen que hace falta para ser como siempre, aunque nunca sea igual.


lola lópez-cózar


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