naufragio



Sin pensar en fechas o en billetes, sin reservar hotel ni señalar destinos, nos sorprendimos un día viajando hacia el futuro.
Nos sorprendió el esfuerzo de un barco en alta mar, la profundidad de proyectos, de hechos consumados, de hechos que son vidas que caducan después de nuestras vidas.
De motor no más que los deseos, mil caballos relinchando a los días y las noches.
Luego te vino el miedo cuando paraste de remar y al tomar aire te viste de repente en medio de ese todo sin saber calcular los kilómetros de agua al fondo de tus pies.
Te dije que siguieras. Te sujeté la cara con mis manos y te pedí una ceguera selectiva, fijarte mi boca como horizonte asible para escapar del pánico.
Estaba dispuesta a no dejar de hablarte hasta llegar a un puerto.
Me apartaste de un golpe en las palabras. Tiraste los caballos por la borda y el peso fue creciendo en proporción inversa a los deseos.
Con las palabras rotas fui lanzando botellas sin mensaje. Llenaba el vacío y luego lo arrojaba hacia otras costas sin esperar respuestas o un rescate inminente.
Comprendí que no hay puertos con grandes bienvenidas o casas de socorro ni primeros auxilios.
Tú te ahogaste con el último caballo.
Yo me tiré tras la última botella.


lola lópez-cózar


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