de aire nada más



Me cuesta despedirme de tu voz, de tu ansia de historias y de abrazos, del sueño que me invade y tu sonrisa, de tus manos abriéndome los ojos para burlarte una vez más, para llamarme china.
Me cuesta despedirme de tu boca que despierta y me busca, que despierto y encuentro. Un alfiler de pena me agrieta la garganta, pero no, no pienso llorar más.
Debajo de la ducha lo controlo y luego viene el sol, los niños que despiertan, una parte de aquí y dos de agradecidos invitados y la casa un desastre tan lindo que es un lujo.
Van creciendo dibujos por la mesa, extrañas letras de un alfabeto previo a la escritura comienzan a contar cuentos entre los cereales del desayuno y más tarde, cuando bajo a mirar qué estáis haciendo, perdida la cabeza en nuevas despedidas, me sorprenden mis manos quitándoos las piezas de una construcción llegada del pasado, del centro de mi infancia.
Cuando te miro, hijo, tus ojos fijos en mis manos despegadas de mí, incontrolables, regreso a lo que fui sin lo que fui y siento gratitud hacia este sol de invierno, hacia esta casa desastre que habéis construido para que no me ahogue ninguna despedida.


lola lópez-cózar


Comentarios

  1. Anónimo8.12.10

    Muy buen articulo, estoy casi 100% de acuerdo contigo :)

    ResponderEliminar
  2. Anónimo9.12.10

    Muchos saludos, muy interesante el post, espero que sigas actualizandolo!

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares