vocaciones


De pequeña quise ser pianista. Tenía el interior lleno de música y el exterior escuchaba en silencio. Una vez lo rompí para pedirle a mi madre que alguien me enseñara. Ella me observó durante días y nunca me vio cantar, tararear bajito, nada. Tan solo advirtió cómo mis manos iban posándose sobre cualquier superficie y mis dedos la golpeaban uno a uno, sin descanso, sin sonido.Entonces pensó que tenía el interior lleno de palabras y me mandó a estudiar mecanografía. Aprendí a escribir el dolor de una música encerrada cuando mis dedos finos se colaban entre las teclas de la Olivetti.Aún hoy sigo dándole palabras a la música que tengo, y a pesar del teclado más sensible que mis manos, en ciertas notas sigo sintiendo el dolor de mis meñiques. 

lola lópez-cózar

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