nómada


Las piernas le flaqueaban, se dejó caer en la tierra pensando que quien siembra recoge sin remedio y la arañó con sus manos, se vació los bolsillos de semillas, interceptó el vuelo de los insectos que pasaban pidiéndoles el polen de la vida, recogió el agua temblándole en las manos y esperó mucho tiempo una respuesta. La tierra permaneció impasible. Miles de veces le tomó el pulso y fue tanto el silencio que quiso ver señales donde nada existía. Los pájaros pasaban de largo, las nubes pasaban de largo, el sol pasaba de largo sobre la dura tierra inerte que él amaba y entendió que ser nómada era lo más sensato, recoger sin sembrar lo que se va encontrando, no mirar otra cosa que los frutos, no sentir más apego que el que surge sin más, donde vaya surgiendo. 

lola lópez-cózar

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