sabor



Comes las espinas del dolor con el apetito del vencedor que nunca duda, con el hambre y la sed de este momento que quiere ser y hacerte eterno.

Te domina la gula de lo efímero, el ácido voraz que nos digiere, la acritud de todo cuanto termina, la saciedad del nombre que te invoca lo insulso de los días que no esperan.

Tantas bocas, amor, para tan poco. Tanta necesidad de hacerse necesario, de alimentar las ganas de sentir más ganas, de proveer la avidez para buscar sustento, de buscar un sustento que te mantenga en pie.

Un gusto la sencillez de los labios para decir ven ya, dame la dulzura de esos ojos, el sabor de este tiempo que queda.

Tú déjame quererte sin pensar demasiado en la hambruna de ser lo que perdura y déjame marchar sin despedidas, en simbiosis y en paz con lo que dimos. 

lola lópez-cózar

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