soledad


Las rendijas de mis manos dejan pasar la tristeza amarilla de los sueños. Toco los bordes de hielo de los gestos amables. Busco dentro del blanco la nada que encierran las promesas. Muerdo la ceniza desprendida del miedo y el silencio del sol huele a madera. Me como la impotencia de traducirme en trozos. Mutilo esta realidad que no es de nadie y a nadie la dedico.

He ofrecido el sonido de mi piel, el tacto de mis ojos ilegibles, los subtítulos del olor de mi oído en la penumbra de un círculo sin fin, el sabor de la lluvia de cada amanecer, las formas que adquieren los kilómetros, la gama decreciente que separa semanas, la escalera que aloja las palabras sin dueño, la distancia violeta que acepta la derrota y es todo lo que tengo.

La soledad es un país con fronteras gigantes, un código privado que no alcanza otra boca, otra rendija, otros hielos, el blanco de la nada y sus promesas, la ceniza del miedo, el desorden del sol, lo amorfo de las formas que no tienen un nombre.

La soledad es un idioma indescifrable, una ciudad sin plano, una semántica atrapada en ese continente que siempre estuvo lejos, estos pasos sin rumbo camino del silencio.

lola lópez-cózar

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