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Cuántas páginas para cerrar amores que no mueren, amores que palpitan, se estresan, se confunden, amores que olvidaron amarse mientras se poseían.

Dame tus ojos, tus dedos, tus lunares, la suavidad inenarrable de tu piel.

Pedir lo que ya forma parte inseparable de ese yo que vamos destruyendo camino de una reconstrucción poco probable.

Pedir la piel y el derecho a estar en desacuerdo.

Pedir los labios y convertirse en dueño de todas las palabras.

Pedir los dedos hasta alcanzar las manos y anudarlas.

Cuántas páginas para cerrar la última, para saber que la próxima despliega alas, alas pintadas sobre el gran decorado del amor.

Territorios marcados, animales en vela, celo ciego que arrasa cuando pisa.

lola lópez-cózar

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