aquí y ahora


Por qué esa búsqueda ciega hacia ninguna parte, esa cápsula hermética de casa a cuestas. Aprender. Perseguir el agua que traspasa el pelo y más allá ese cráneo herido de preguntas. Tapar el sueño con restos de cansancio. Tocar los calendarios para sentir un día como una isla amable donde crecer sin límite. Detener las flechas que indican un mañana como secuencia lógica de ahora. Cambiar de horóscopo, de oráculo, de destino. Romper lo que se espera de tus uñas ardientes, de tu ardida sonrisa. Perder el corazón con los zapatos puestos y encontrar la cabeza con la ropa a una legua del pudor más cercano. Y reír, reír de llanto, reír de incomprensión. Llorar de dudas y certezas. Tomar aire en cada punto de vista y tomar distancia para aplacar lo obvio. Rogar amor y no dejarse amar. Vaciar el ruido a bocanadas cuando todo es lo mismo mientras cambia. Pedir perdón y cuentas y dejarse llevar por la constante de un silencio que no deja de hablar al otro lado de la puerta. Tapar las horas con gestos de paciencia. Abrir las ventanas. Sembrar mentiras sobre un suelo impronunciado. Inventar escenarios propicios al afuera. Acariciar los ojos que esconden la belleza y besar muy despacio ese camino errado cercado de  minúsculas.

lola lópez-cózar

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