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Formado de retazos, eres un rascacielos de cimientos muy pobres, estancado en la rabia de la muerte temprana, del huir adelante con todo a medio hacer. Volar por encima de todas las carencias y allí la lluvia, el frío, la provisionalidad de los días que pasan y no valen, esperando un mañana frente a la luna insomne.

De retazos de ausencia, fijado sobre el barro, la ciudad te contempla y esquiva tu derrumbe, la humedad de tus techos cambiando de color y de textura, del llanto hasta la risa, de la risa al diluvio y al portazo.

Rascacielos. Multitud. Soledad y orgullo. El poder del dinero sobre cimientos pobres. Encharcada nostalgia de un futuro hipotético marcado por la constante urgencia de la vida que huye de la muerte y escapa de sí misma.

Afán de cielo, retazo incoherente, del llanto hasta la risa, la soledad, el portazo.

Afán de luna, espía de las noches que escapan a tu encuentro. Niñez perenne y sin medida que inventa nubes en los ríos que pasan y no vuelven.

lola lópez-cózar

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