pura superficie

La desorientación, la pérdida de un rumbo que finalmente no conduce a nada. Las frases hechas que te lanzan para que sigas su estela y regreses y estés, aunque no sepas quién eres, aunque ese lugar no tenga nada tuyo.

El territorio más cercano a tu interior es pura superficie, la piel, el envoltorio de tu cuerpo. Puede que solo en el abrazo logren tocarte dentro, y tocar no es decir, ni explicar, ni preguntar, tocar es entender que la soledad se mitiga con el roce, en ese contacto que es olor y es calor, que te hace consciente de tus márgenes y los diluye así, haciéndote sentir la cercanía.

Miras su cara desde otro ángulo. Es la ceja levantada de la rabia sin retorno posible a la caricia, sus labios apretados, no despiertan al beso, a la ternura.

Miras su cara desde otro ángulo. Es la niña pequeña que come cereales y al hacerlo en el mundo no hay más que extensiones de tierra.

Oscurece. Se apagan las velas como la vida que interrumpe el mecánico bombeo del oxígeno. El silencio completa los recuerdos, escribe tus ojos como si fuesen un libro interminable y cambian de color, se extienden sobre el infinito incomprensible marcado por los huecos de esos alfileres finísimos que ocultaban la prueba del dolor. Clavar no molesta. Sacar de las entrañas de la infancia el insignificante sabor de un cementerio apestando a la futura putrefacción de sus flores…

Se apagan las velas. Si encendieras las luces cambiaría la situación temporal de los deseos. Diría: “dónde estás”, y tú contestarías: “por qué no dices nada”.

lola lópez-cózar

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