a vida entera

La cenicienta se equivocó de doce. Cerró los ojos a la luz de los hechos y se hizo amiga de las ratas.

A la luz de los hechos los pliegues de la piel muestran otra verdad, los verbos terminan de conjugarse en pasado, y lo que reluce no es oro, pero es cierto, la simplicidad de reconocer el amor en una forma de abrazar, la ternura de un café y un vamos, reescribamos los caminos, olvidemos las indicaciones que conducen al fin, a la obviedad, cambiemos este cuento sobre la marcha, y cuando se pare la narración y te tumbes a morir, te besaré, extraeré el veneno de todas las manzanas, especialmente de las rojas, y vendrás a vivir nuevamente conmigo, cada noche nuevamente, suavizarás tus gestos sin dejar de mirarme a los ojos para que no me pierda si acaso parpadeas.

Sonríeme despacio, como diciendo todo sin despegar los labios, y yo escribiré las  palabras bajo tu ombligo, tu olor será la tinta que construya los versos, que llene de metáforas las sábanas azules.


Nadie mejor, nadie más, nadie así. Porque estábamos rotas y nos fuimos remendando con la lengua y descubrimos otra piel más abajo, una auténtica que nos dejaba ser todo lo que sentíamos, sin pereza, sin recortes, completas por entero y tan distintas, y en esa diferencia el acople perfecto, como existir al fin a vida entera.

lola lópez-cózar

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