el otoño vendrá con caracolas


Le dejo al olvido el previsible encanto de un futuro incompleto. 

Le dejo al olvido la mentira intratable que bordeó el pasado.

Me deja el olvido la piedra con que mis pies recorren ensimismados esta línea de patada en patada.

Todas las luces rojas levantan sus prohibidos, dan paso a un día que lamerá las calles sin sombra y sin esquinas.

El sol redondo, no, mancha inconsciente, toma su tiempo y el tiempo que no es suyo.

Las barreras no duermen, bajan sus brazos, abrazan el silencio de los sobres, la lengua que cerró sus márgenes.

Las risas se abren paso, inundan la cocina. 

Decir cansancio no espanta las presencias, sus bocas tuertas rompiendo las vocales, la estupidez de siempre.

La quietud de las ventanillas rodando los campos opacos que amanecen.

lola lópez-cózar

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