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Mostrando entradas de julio, 2009

razones para amar

Primero te quise por tu forma de unir las palabras, de romper los registros, palabras de película de culto seguidas de tres tacos sin más contemplaciones, palabras tan pedantes que no pueden ser ciertas más que en los diccionarios y los verbos exactos para evitar problemas, aunque luego el problema lo aporte el receptor.
A lo mejor te quise porque no soportaba otros silencios, porque los monólogos crecían hasta hacerme pedazos los oídos y la no discusión fue el mayor desacuerdo.
Luego te quise por la forma de usar sandalias y calcetines en diciembre sin venir de otro clima intempestivo, por sentarte en la acera a ras de calle y decir que dejáramos que matara al perro cualquier coche.
A lo mejor te quise por mi casa vacía, los libros en el suelo a mochilazos, tu forma de mirar todo mi esfuerzo.
Luego te quise por la dipsomanía, nada que ver con cualquier alcoholismo, por la manera en que dijiste a los demás que era la persona más inteligente que habías conocido, tal como si fuera idiota de…

juegos

En un país muy lejano, cuyo nombre se ha roto por ahora, vivía un niño pequeño que se bañaba en el río, subía a los árboles y mataba un pájaro de cada mil intentos para comer.
O tal vez también puede ser así: “Allí” vivía un niño pequeño que miraba como los mayores se tiraban al río, cogían algún pez o buscaban en la orilla dientes de oro tras cada cremación, subían a los árboles para coger sus frutos y lo dejaban practicar con el tirachinas después de haber ido a recoger los pájaros alcanzados.
O quizás tampoco ocurrió así, lo cierto es que de aquel país lo más bonito fueron los árboles, los pájaros y un río, después de esto las personas que no vivían en su casa, porque las personas que no viven en nuestras casas, “Aquí” y “Allí”, suelen ser las menos dolorosas.
Lo peor de “Allí” era una botella que se multiplicaba, que se escondía, que tenía el color de un refresco y un olor tan fuerte que te agarraba la nariz impidiendo respirar.
Tras esta botella había siempre un hombre que hacía …

perfiles

Miro de frente y la no simetría de los rostros se confunde en un todo que me alerta.
El ojo derecho acostumbra a engañar sus sentimientos, dice puedes venir, aquí te espero y nunca está en el sitio señalado. Sonríe desde fuera, se cierra sin cansancio.
El izquierdo en cambio se fatiga, lo dice, suele ser el más viejo, se expresa con un músculo que no altera la cara. Cuando llora apenas si se nota, se escurre silencioso dejando espacio al otro que disimula airoso llamando la atención sobre otro tema.
De perfil es distinto, se elige la verdad o la mentira y sólo un golpe inadvertido nos vuelve del revés las intenciones.


lola López-cózar