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Mostrando entradas de septiembre, 2019

cada día a las ocho

Bajo tu protección, recojo precipicios para sentirme viva. El eco me repite, el tiempo ya no suena.
No escribo, hablo, camino las palabras que salen de tu boca, al fondo las pastillas, el sueño que no duerme, la terquedad de un muro que apenas se sostiene. Amor ya no, sin hueco que lo exista. Sale el sol a la vuelta de un túnel que se rompe. Amanece más pronto y no hay nada, nada que se conozca como antes. La mañana se cae sobre la cama, rebota en ti, que ya en el suelo apenas dices algo. Gritas siempre. Te despiertas llorando antes de saludar. Te despierta el enojo, lo mal hecho, el cansancio, el dolor de una espalda que sostiene tu yo. Los libros pequeños aguardan en tus manos. Me recuerdas. Me buscas. Tiras de mi hacia la vida nuevamente. Te equivocas en todo lo concreto. Aciertas en el gesto, aciertas en la dirección en la que apuntas donde me pierdo imprecisa, donde me encuentro a la vez como una nube que se esparce y te llueve, me repite y gotea sobre el tacto amarillo de los gatos.