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imprevistos

De repente, entre la cotidianeidad suave de los días, una mala película nos cambia el escenario, el decorado igual. 

No puede ser real. 

Un paréntesis con los filos doblados que atasca el discurrir del hasta ahora.













lola lópez-cózar

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dispersión

Hoy hace frío. La ropa equivocada. Los pasos erráticos intentan detenerse. Seco pensamientos en su doble sentido y vienen las hormigas a recorrer mis páginas. lola lópez-cózar

cada día a las ocho

Bajo tu protección, recojo precipicios para sentirme viva. El eco me repite, el tiempo ya no suena.
No escribo, hablo, camino las palabras que salen de tu boca, al fondo las pastillas, el sueño que no duerme, la terquedad de un muro que apenas se sostiene. Amor ya no, sin hueco que lo exista. Sale el sol a la vuelta de un túnel que se rompe. Amanece más pronto y no hay nada, nada que se conozca como antes. La mañana se cae sobre la cama, rebota en ti, que ya en el suelo apenas dices algo. Gritas siempre. Te despiertas llorando antes de saludar. Te despierta el enojo, lo mal hecho, el cansancio, el dolor de una espalda que sostiene tu yo. Los libros pequeños aguardan en tus manos. Me recuerdas. Me buscas. Tiras de mi hacia la vida nuevamente. Te equivocas en todo lo concreto. Aciertas en el gesto, aciertas en la dirección en la que apuntas donde me pierdo imprecisa, donde me encuentro a la vez como una nube que se esparce y te llueve, me repite y gotea sobre el tacto amarillo de los gatos.

antes del desenlace

La técnica se puso el uniforme de la competición,  habló de meter al mundo en un recinto,  pero olvidó que cada trozo incluye su escenario. 
Con los contextos invisibles  no dejaron de chocar trenes  y los muebles se cubrieron de escombros. 
Sin contar con la escasez de aire,  la instantaneidad de cualquier llamada  marginó el ritual de la espera.
El cuento salió precipitado e inconexo. 
Cuanto más cerca más lejos,  los ojos hundían la vista en su horizonte de bolsillo  y había que marcharse para escuchar mejor.
La técnica siguió ofertando el ocio quieto  para descansar de estar parado. Las historias ininterrumpidas llenaban la mirada  con la vida vacía.  Ninguna pausa para la publicidad  obligaba a levantarse como un lázaro hambriento  que primero pasa por el baño,  y a solas analiza lo que lleva si le gusta.
Una noche cualquiera habrá que rajar los uniformes  y quedarse desnudo,  tomar las medidas  e hilvanar lo que nos cubre,  apagar las ventanas  y colocar un cartel de aforo limitado,  reposar las palabras …